¿Qué son los aditivos alimentarios?

Siempre que compramos alimentos, salvo raras excepciones en verduras y alimentos a granel, encontramos en las etiquetas de composición de los alimentos extrañas nomenclaturas sobre aditivos y colorantes (bien naturales, bien artificiales) que en la mayoría de los casos no sabemos a qué se refieren.

El uso de aditivos está fuertemente regulado, de tal forma que no se pueden usar aquellos que no hayan sido autorizados. Para serlo deben haber sido evaluados toxicológicamente y sometidos a ensayos que prueben que son inocuos. Si surgen dudas al respecto de la inocuidad de alguno de estos productos se retiran inmediatamente.

El uso intensivo de los aditivos en los alimentos requiere de unos mecanismos de control. En España se acaba de modificar el Reglamento Comunitario que regula el uso de este tipo de sustancias.

Además de la norma anterior, el día 22 de noviembre se publicó el Reglamento (UE) nº 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor.

Los nombre de los aditivos

Para facilitar su uso y para que exista una nomenclatura internacional, se usa la letra E seguida de un código numérico de tres cifras, el número de las centenas indica el grupo en el que se clasifican los productos de esta forma. Existen 4 grupos:

  1.  Colorantes
  2.  Conservantes
  3.  Antioxidantes
  4.  Estabilizantes

Los otros dos dígitos indican además del aditivo, la familia y la especie. El hecho de que un aditivo tenga asignado un numero E da garantía de su uso, ya que ha sido aprobado para su uso en la Unión Europea.

Listas falsas de aditivos

Cuidado con las listas de aditivos que circulan por la red, existen muchas lista de aditivos indicando que su uso es inapropiado o que tiene efectos perjudiciales para la salud. Se trata de listas que dicen estar avaladas por hospitales o incluso por médicos, pero son listas falsas que incluyen aditivos inventados con números E inexistentes.

La AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) ha salido en muchas ocasiones a desautorizar dichas listas.

Por ejemplo el E-330, aparece en algunas de estas listas como el más peligroso cancerígeno, cuando se trata sólo de ácido cítrico.

Una práctica milenaria

La incorporación de sustancias a los alimentos es una práctica ancestral que se inició cuando, por casualidad, el hombre observó que la exposición al humo aumentaba la conservación de la carne. Posteriormente, con el desarrollo de la agricultura y la ganadería, el hombre se vio obligado a manipular los alimentos con el fin de que resultaran más apetecibles, o que se conservaran mejor. Para ello se empezaron a usar el azafrán, la cochinilla, la sal y el vinagre como conservantes.

Pero no fue hasta el siglo XVIII, con el avance de la química unido a las necesidades de la industria, que empezaron a desarrollarse productos con los dos fines anteriormente mencionados. A finales del siglo XIX empezaron a llamarse aditivos.

Imagen | DairDair

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