La bollería industrial en los niños

Aitor Sánchez, el Dietista-Nutricionista de Carritus y autor de Mi Dieta Cojea, nos informa sobre los efectos perjudiciales de la bollería en los niños.

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La dieta de los niños españoles está caracterizada por un exceso de carne, lácteos, embutido y alimentos con alta densidad energética como dulces, snacks o bollería. Este “daño” o déficit de la dieta es doble, porque por un lado incluye el de los efectos indeseados de un consumo excesivo de alimentos que deberían tener una frecuencia de consumo ocasional, es decir, los efectos directos que puede producir un exceso de azúcar, grasas saturadas, sal… Y por otro lado, tenemos el desequilibrio que se produce al desplazar a otros alimentos de la dieta (frutas, verduras, legumbres, pescados…), aquellos que tienen más interés nutricional y deberían tener por tanto un mayor protagonismo en las dietas de los jóvenes. Por tanto se produce una sinergia negativa, la ausencia de alimentos más aconsejables y el predominio de los menos saludables.

Cabe destacar, que cuando nos referimos a alimento “saludable” no se hace con la premisa de ser bueno o malo directamente sino con un consumo excesivo de él, tal y como explicamos en la entrada de “¿Existen alimentos buenos y malos?

Concretamente, la bollería es una alternativa muy extendida al ser un recurso “fácil” por parte de las familias, ya que es aceptada sin problemas por los jóvenes, al ser un producto atractivo al paladar, requerir poca manipulación/preparación, fácil transporte y precio bastante competitivo. En contra tenemos las razones de salud: las propiedades nutricionales de la bollería convierten a esta elección una alternativa poco adecuada para adquirir de manera rutinaria. ¿Los motivos? Su composición nutricional.

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Son productos que rondan las 400-500 kcal por cada 100g de peso, Energía además, proveniente de azúcares y grasas. Dependiendo del tipo de bollo o dulce, su composición en azúcar puede llegar casi a la mitad de su peso 30-50g de azúcar/100g, y dejando como segundo componente mayoritario a las grasas, la mayoría de las veces, y cuando no se utiliza mantequilla, se suele recurrir por parte de la industria alimentaria a aceites vegetales poco saludables, como son el de palma o el de coco.

El resto de nutrientes: proteínas, vitaminas, minerales y fibra no tienen gran importancia y se ven eclipsados por las otras características.

Esta dualidad: comodidad-salud es uno de los conflictos típicos en los hogares de nuestro país, a pesar del papel saludable que proporciona la fruta, un bocadillo o los lácteos, su elección se ve condicionada por las características y la realidad de cada familia (imposibilidad de preparación, gustos y preferencias de los más pequeños de la casa, pocas habilidades de los niños a la hora de preparar un bocadillo, un vaso de leche o pelar una fruta…).

La incorporación de la fruta y de buenos hábitos saludables desde una etapa temprana de la vida, es fundamental no sólo en salud inmediata de los niños y adolescentes, sino también es una garantía de futuro, ya que estas rutinas se mantienen con el tiempo. Es por tanto, esencial facilitar y educar en las habilidades y situaciones que permitan que los jóvenes incorporen a sus meriendas e ingestas de media mañana los bocadillos y la fruta; estas medidas son una gran inversión en salud a largo plazo.

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Ahora que se acerca el verano y tenemos más tiempo libre, os aconsejamos que los hagáis partícipes de una “Fiesta saludable”, en la que conozcan de manera divertida alimentos sanos y empiecen a relacionar diversión con salud.

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